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miércoles, 19 de septiembre de 2007 |
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Cuando estaba en cuarto de primaria las monjas me enseñaron esto de tener que portarse bien para ir al cielo, al cielo donde iban las niñas buenas y católicas, las que obedecían y se sentaban con las piernitas bien juntitas, las que cuidaban de su fe y no olvidaban la santa obediencia y la responsabilidad de tener el trapero blanco como un percal y el culo de las ollas brillantes. No hay que hacer gran cosa, pensaba en ese entonces yo, tan bien adoctrinada y próxima a mi primera comunión. |
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