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Al fin de la batalla, y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre y le dijo: "¡No mueras, te amo tanto!" Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se le acercaron dos repitiéronle: "¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!" Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil, clamando "¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!" Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Le rodearon millones de individuos, con un ruego común: "¡Quédate hermano!" Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Entonces, todos lo hombres de la tierra le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado; incorporóse lentamente, abrazo al primer hombre; echóse a andar...
Cesar Vallejo
Como me gustaría que las palabras tuviesen la magia de otorgar vida. Niña aún, escuchaba un cassette que tenía este poema como introducción a una versión cantada del poema La Muralla de Nicolás Guillén.
Siempre la escuchaba en imágenes de hombres sin rostro que volvian a la vida a un hombre también sin rostro. Una especie de comics a blanco y negro. Pensaba en Lázaro. Nunca supe de quien era el poema y no volví a pensar en él hasta que vi que podía hacer una larga lista de gente a la que era urgente cantarle el poema: Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa, Carlos Pizarro León-Gómez, Luis Carlos Galán, Jaime Garzón, Eduardo Umaña Mendoza... Tal vez puedan ayudarme con esta lista por lo menos para que el olvido no se los lleve, y su recuerdo y su legado, se echen a andar.
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