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Tierra de Maíz - El Blog de Vera Carvajal

Quiero pensar que los días, mis días, son un racimo de uvas o una mazorca fresca de maíz, no en definitiva, una cuenta regresiva. 

 
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Los abuelos de cara blanca PDF Imprimir E-Mail
jueves, 08 de septiembre de 2005

Así decían los hombres del Vaupés.

-Tupana el bueno.

-Yurupary el que gusta de la chicha y de la borrachera.

-Chía pregonaba la embriaguez y el gusto por la vida -dijo El Chibcha, absorto.

-Yurupary se iba de fiesta, el mal es el bien para el caído.

Pero hicieron ceniza de sus huesos al verlo con más gente a su lado, la que frente a la desaparición irremediable jadeaba en el licor su pasajera alegría. Alegría pasajera del hombre, único ser que sabe la obligación de morir, que sabe detener la risa frente a la conciencia del dolor.

-El único.

De las cenizas de Yurupary retoñó una palma imponente llamada Pachuba. Las mujeres quisieron doblegarla para hacer el instrumento que evocara el canto de Yurupary. Y lo fabricaron y lo tocaron al bañarse en el río después del alba, cuando llegaba su porción de tristeza en la más honda soledad, cuando llegaba el dolor de cumplir con la vida.

-No es de ellas, es de nosotros El Yurupary -dijeron los hombres cansados de los oficios domésticos, y azotaron a sus mujeres con el bejuco adaví en el agua donde retozaban desnudas.

-Para el hombre el poder.

Fueron a buscarlo y encontraron una mata de yuca brava y destilaron la chicha que gustaba a Yurupary cuando todavía respiraba, y en su memoria llegó la borrachera, grata a los dioses: era su única forma de comunicación, la borrachera.

-Manikuera, jugo de la yuca brava.

-A los dos días de cocimiento nos llega su suavidad.

-Entonces no hace daño y alegra el corazón, en la embriaguez se consuela la vida.

-La suave y fuerte chicha de maíz. La de chontaduro que acrecienta el amor. La de borojó y uvas de monte.

-"La chicha de maíz -pensó El Katío- la hace una joven virgen. Se pinta toda con jagua y bija y toma un baño con aguas aromáticas. A la salida del sol al día siguiente se baña de nuevo, se adorna, se peina y se asegura el pelo, pues de caer una hebra en la chicha ésta perdería su encanto y su valor. Fabrica la chicha en un cuarto especial, construido frente al altar y a donde sólo pueden entrar el Jaibaná y su ayudante. Todos los elementos que intervienen deben ser lavados con agua perfumada: el maíz, la olla, la piedra de moler, el fogón, el piso y aún la boca de la muchacha. La olla y las totumas deben ser nuevas...".

-Pienso también -dijo El Chibcha- en Nencatacoa, dios de la embriaguez, de los pintores y tejedores de mantas.

El licor subía a sus cabezas, de sus cabezas en hechizamiento al cielo, del cielo a otros cielos alucinados y de allí a otros el fermento del maíz, de los chontaduros, del borojó, de la yuca brava, de las uvas de monte.

Alguien tendió una mano en silencio, la mano se detuvo en el aire como si ese fuera su lugar. Entonces el tonguero de los Noanamaes del Chocó se dispuso a tomar el alucinógeno pildé para nombrar enfermedades de quienes venían dolidos. Apareció solemne, sabedor de que todos podían usar el alucinógeno del bejuco donde sueña la yagenina de efectos clarividentes. Una cruz, un signo de magia, un gesto borrado en el aire del humo, allí vio al tigre celeste, el Yairo que ruge en el noche ciega; allí vió al curaca, médico brujo entre los Sionas; allí vio a Toá, fuego en forma de mujer ardida, el infierno de la fiebre en la selva. Allí vio lo que nadie podría ver sin el yagé de otras vidas hechizadas.

Y reiteró el payé del Pira-Paraná en el Vaupés:

-"Cuando bebemos el yagé, las cosas empiezan a hablar y nuestra alma se libera del cuerpo".

-"Hemos volado como pájaros y hemos visto gigantescos murciélagos, enormes jaguares y anacondas, hemos visto deslumbrantes colores".

-"Cuando están en trance se les aparecen figuras míticas y comienzan a hablar. Los chamanes pueden meterse en una burbuja de aire y llegar a las cascadas hasta el lecho del río, donde durante días y días negocian su destino con El Dueño de los Animales Acuáticos".

-Será asunto de diablo

-Hace pensar en la subida. Hace pensar en la muerte.

-Caer o subir, una medida del hombre.

-Al hombre se lo lleva el diablo.

-La diabla roba pescado y carne de animal de monte.

-Señal de que pronto uno de nosotros morirá.

-Arroja a los niños desde los más intrincados desfiladeros.

-Así les quita el miedo a la muerte porque desde el fondo ella los rescata en sus brazos.

-Llegaría un diablo para amarla y poseerla.

-Poseer es tarea del demonio.

-Se escucharon rugidos de diablo y diabla en la espesura de la selva.

-Arroja a los niños desde los desfiladeros más altos.

-El diablo se hace sueño para extraviar la voluntad de los adolescentes.

Allí la voluntad del sueño, o su locura; allí el residuo de la opaca sabiduría.

-El indio era diablo y se llamaba Yanakurú.

-La diabla tuvo un hijo del diablo.

(1) Manuel Mejía Vallejo, escritor colombiano Nació el 23 de abril de 1923, en Jericó, Municipio del Departamento de Antioquia, Colombia. La obra Los abuelos de cara blanca fue publicada en 1991 por la Editorial Planeta y una segunda edición en 2002 por el Concejo de Medellín y la Biblioteca Pública Piloto de Medellín para América Latina.

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