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Los realities se han convertido en unas extrañas “escuelas” de formación electoral en nuestro país.
Palabras como “amenazado”, “eliminado”, “sentenciado”, son de común dominio, tanto, como los agradecimientos que dan los “salvados” a “Colombia”, es decir, la masa de votos a favor, como si al final quiénes votaron por otro participantes fueran simplemente excluidos de ese todo que es “Colombia”, o como si se pretendiera al final una univocidad inexistente. Frases húmedas como Quiero darle las gracias a Colombia, Colombia tiene un gran corazón, Colombia nunca me abandonó, Te quiero Colombia, Esto es por ti Colombia, etc., etc., son recurrentes a la hora de los agradecimientos de las oportunas llamadas que dan un excelente dividendo adicional a las programadoras.
Y son escuelas persistentes que por lo menos durante estos últimos cuatro años (qué coincidencia, los mismos de Uribe) nos han enseñado que las reglas variables y sorpresa hacen parte del juego, que un día hay que votar para salvar, el otro para eliminar, el otro para volver a meter. Y claro, que de un realitie hay que esperar la versión 1, 2 y 3… el público al fin y al cabo consume lo que se le da.
Nada es inocente en los medios. Nada es inocente.
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