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Tal parece que el país que reseñan los medios de comunicación, en especial la televisión, esta poblado por muy pocos habitantes. Habitantes que se repiten hasta el cansancio, las mismas historias contadas una y otra vez sin ni siquiera cambiar de formato.
Los periódicos y revistas no se salvan de esto. A la par de entrevistas interiores o artículos, debemos ver las páginas de ‘sociedad’, con los mismos viejos rostros.
Podríamos hacer un censo de los habitantes del país de los medios, esa cuya voz cuenta, esa cuya sapiensa es indispensable, ese cuyo rostro es el modelo, esos cuya verdad es única.
Podríamos encabezar la lista con el club de ex presidentes. Cada vez más rancios y más influyentes; dando sus conceptos como los grandes estadistas que no pudieron ser en su mandato, pero que ahora si; haciendo el guiño de gracia para sus sucesores.
Y seguir con las presentadoras de farándula, las ex reinas, los actores de horario triple A, los delfines políticos, los columnistas, las primeras damas, los candidatos, los escritores de moda, en fin, los que tienen entrada a Andrés Carne de Res.
Me apena un poco el mundo limitado del jet set criollo, esas lánguidas mujeres luchando contra la gravedad y las arrugas, cuidándose de no aparecer con un vestido repetido, esos hombres con tan estudiada sonrisa y tan buenos asesores de imagen. Me apena un poco que se pierdan del resto, de esa ebullición que tiene el mundo de abajo, de comer sin culpa, de llorar como se debe a sus muertos, de gozar como se debe a sus vivos.
Pero más me apena, que el resto de nosotros seamos invisibles ante el compromiso social, ético y humano de quienes tienen la palabra en Colombia.
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