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Tierra de Maíz - El Blog de Vera Carvajal

Quiero pensar que los días, mis días, son un racimo de uvas o una mazorca fresca de maíz, no en definitiva, una cuenta regresiva. 

 
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Cinema Paradiso (1988) PDF Imprimir E-Mail
lunes, 09 de enero de 2006

“… La vida, Toto, no es como las películas, es más dura, más difícil”.
Alfredo

Debo confesar que es mi película favorita. Tal vez fue la primera película que me permitió llorar sin reparo ni vergüenza. Llorar por la vida que corre tan rápido, por ese niño que fuimos, por ese anciano que seremos, por ese Cinema Paradiso que deseamos construir y que algún día deberá dar paso a los sueños de quienes vienen en camino, por ese amor inconcluso que se quedó en algún recoveco de nuestro querer… por esos que fuimos y ya no somos.

La primera vez que la vi la vi con Lizardo, mi hermano, en formato de beta, alquilada en un sitio donde la tenían empolvada en un rincón del último anaquel y no la devolvimos.

Cinema Paradiso es la historia de un niño que vive con su madre y con su hermana en la Italia de la posguerra y que descubre el mágico mundo del celuloide al lado de Alfredo, un viejo proyeccionista que se convierte en su amigo, en su cómplice, en su protector. Un incendio priva de los ojos a Alfredo y Toto, el niño, después ya el joven y enamorado de Elena, su gran amor, lo reemplaza detrás del proyector, hasta que un día el mismo Alfredo lo empuja detrás de sus sueños.

Marlon Brando, John Wayne, Greta Garbo, Clark Gable y Charles Chaplin, podrían ser coprotagonistas de esta bella cinta. Igual los besos censurados.

Es una narración que tira la madeja del hilo conductor hacia atrás y vuelve. Toto no regresa a su pueblo, Giancaldo, hasta la muerte de Alfredo, con una vida exitosa pero con una gran soledad. Vuelve y nos remite a esa mirada que hacemos al pasado cuando el tiempo no ha sido suficiente para curar el dolor, cuando nos paramos ante la bifurcación de un camino y nos preguntamos al final si tomamos la decisión correcta y los “acasos” se hacen presentes.

En la historia de Cinema Paradiso muchos de esos “acasos” “que hubiese pasado si” quedaron. Miramax, la productora de la cinta recortó inicialmente la versión original de Giuseppe Tornatore, para después presentarla completa en Nuovo Cinema Paradiso, entregando otra película diferente a pesar de todas las imágenes compartidas, la médula narrativa que las une.

Vi Nuevo Cinema Paradiso en Stavanger, Noruega. Esta vez la saqué de los anaqueles de la biblioteca y claro, la devolví. La vi con mucha nostalgia y al final no sé porque terminé con la sensación de no haber querido verla, de no haber querido tener respuesta a esos “acasos” “que hubiese pasado si”, aunque en Nuovo Cinema Paradiso, queda la metáfora de los amores irremediables, del alma humana, la esperanza del reencuentro y de la felicidad.

Uno de los elementos más hermosos que tiene Cinema Paradiso es la música de Ennio Morricone, nostálgica y abrazadora.

Tal vez un único consejo para verla: sentarse al lado, hombro a hombro de quien nos pueda leer los ojos y la piel, sin necesidad de la intermediación de la palabra.



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