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Lunes, 13 de Agosto de 2007 23:58
Uno de tantos fantasmas que debemos vencer, quienes somos aprendices de escritores, es la excusa para no escribir. La excusa es un fantasma agazapado detrás de las ocupaciones que no dejan tiempo para lo importante, detrás de los estados de ánimo, detrás de las dificultades técnicas, detrás de cada espacio que se le da y se le crea, para el gusto de su habilidad camaleónica.
Llevo tres meses largos sin postear en Tierra de Maíz. Tres meses largos en los cuales el fantasma de la excusa se pavoneó victorioso por esta parcelita. Pero para su horror, hoy, un día cualquiera, no el aniversario del blog, que fue el 27 de julio, día en que planeaba volver, ni ninguna fecha en especial, espanto al fantasma y vuelvo a escribir.
El fantasma de la excusa para no escribir tiene un serio enemigo y es la movilidad. La vida es movimiento y cuando escribir es la vida para uno, pues tarde que temprano las palabras, las historias y las ganas, retornan.
Fue el movimiento lo que me devolvió las ganas de volver a escribir y la certeza de tener algo importante que decir. Llevo cuatro días de viaje, un viaje por tierra en el que atravesé cinco departamentos de mi país. Tenía planeada la ruta Cali-Villavicencio, pero la magia del llano y las ganas de tomarme una foto justo en el centro geográfico de Colombia, me llevó 83 kilómetros más allá: al Alto de Menegua. Allí, en este estupendo mirador, con ese espejismo verde y prodigioso que es el Llano, el río Meta bravío, un sol poniente dorado, el cielo en tonalidades de violeta y una valla electoral que no dejó tomar mi foto, confirmé lo útil que es un lapicero y una servilleta, en este oficio.
Posdata:
Quiero agradecer públicamente a mi amiga Doris, a Alberto y a quienes han hecho el reclamo por no postear, aunque todavía no sé si es por el gusto de leer lo que escribo, o por lo sombría y neurótica que me pongo cuando no puedo escribir. Abrazos.




