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Reseñas
Lugares de maíz
Terrón Colorado | Terrón Colorado |
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| miércoles, 27 de julio de 2005 | |
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Camino al mar Ellos llegaron hacia los años 50 traídos por los vientos del desarraigo, la violencia y el espejismo de una ciudad que se prometía como próspera e industrializada, La Sultana del Valle, la Sucursal del Cielo. Venían del Cauca, del Norte del Valle, del Tolima, de Nariño, del Viejo Caldas, con poco y nada en los bolsillos y se plantaron ahí, en las laderas, entre el cañón del río Cali y el del río Aguacatal, en un terreno abonado para las quintas de descanso de las familias de abolengo, por su clima suave y el viento que el Pacífico entrega cada tarde, en el viejo camino al mar. Ellos llegaron y fundaron algo parecido a un pueblo para que llegaran otros y se sintieran como en la tierra que les habían quitado. Por eso las casas antiguas tenían solares grandes donde cultivar, y había una sola calle real, por donde pasaban las berlinas y las chivas que lograban subir por las faldas de polvo rojo, con la misma dificultad que subía el agua potable a lomo de caballo. Todos crecimos bañándonos con mate y tasando el agua de las tinas.
Mis abuelos, los padres de mi madre, llegaron allí en 1952, traídos por la violencia del eje cafetero, la búsqueda de oportunidades y la mala testa de mi abuelo para el comercio, que según mi abuela los dejó en la calle, solo con una mejora comprada a plazos y sin papeles titulares: “Lo que tenía de querido, lo tenía de ‘mani’ suelto para la plata que poco le importaba”, suele decir ella con un poco de melancolía. La calle real, poco a poco, se fue llenando de sitios de referencia y de tiendas: El Trapichito, la galería, la tienda de Nelly, un burdel muy respetable… La Iglesia de San Ignacio de Loyola, construida por los jesuitas, se dispuso en lo más alto, en el cruce de caminos, entre la carretera al mar y la calle principal de Terrón, para ser el centro de encuentro y conquista cada domingo, en cada misa, después de la cual se iniciaban una procesión de feria, de romances, de algarabía y plan de fritanga. Terrón era un barrio feliz y chismoso, de gentes con arraigo, con pertenencia. “Aquí éramos pobres pero honrados, no habían robos y las mujeres eran respetadas.” Y el barrio fue creciendo Hoy Terrón Colorado sigue siendo un micromundo, un pueblito a las afueras de Cali, donde los taxistas se rehúsan a subir a menos que se les pague una tarifa especial que compense el gasto de la máquina en la subida, donde aún se debe ir en campero, cruzando los dedos en su loca guerra del centavo. Pero los tiempos cambian. Cali cambió. Terrón Colorado cambió: hoy se encuentra rodeado de La Paz, La Soledad, Vista Hermosa y El Realengo. Terrón se encuentra sitiado por la miseria, por cientos de jóvenes sin trabajo, sin educación, sin porvenir.
Las muertes violentas aportan el 25 por ciento del total de muertes en Cali. Esto la convierte en la primera causa de muerte en la ciudad. En el 2004 la tasa de homicidios en Cali fue de 91 homicidios por cada 100.000 habitantes. El 55 por ciento de las víctimas Los comerciantes, obreros, desempleados, oficios varios y estudiantes aportan el 54 por ciento de los homicidios. Las principales motivaciones son ajustes de cuentas con un 36 por ciento, por establecer un 25 por ciento, atraco con un 14 por ciento, guerra de pandillas 8 por ciento y riñas 8 por ciento. El 89 por ciento de los homicidios se cometen con arma de fuego. El día de la semana con mayor número de homicidios es el domingo con un 22 por ciento y la hora entre las 6 de la tarde y las 9 de la noche la escogida para perpetrar en mayor número estos hechos violentos (22 por ciento). La comuna que aportó el mayor número de homicidios a la ciudad fue la 13 con un 95 por ciento de los homicidios. Del restante 15 por ciento, 2.1 por ciento, Terrón Colorado. Detrás de cada número de esta rígida estadística, esta la historia de un ser humano, el desamparo de una familia, la tragedia de una sociedad que entierra su futuro. Terrón esta instalada en mi niñez y en mi adolescencia, esa patria chiquita, de calle de juegos, de amigos de barrio, de mango con sal, de escuela de monjas, de grupo de teatro, de complicidades, de primera hija… Mi abuela se aferra a su casa en Terrón, al fin y al cabo fue la única rebeldía que se permitió con el abuelo cuando llegó con un cliente para la mejora recién comprada: “Esta casa no la vende, le dijo. Si quiere váyase”. Mi abuela se aferra a sus amigas de siempre, ya pocas; a el grupo de las adoradoras del Santísimo Sacramento; al grupo de gimnasia que fundó en 1983; aún piensa que ese es el mejor barrio para vivir, donde ve las Tres Cruces y Cristo Rey, los cerros tutelares, donde la gente de su época aún la conoce y ella los conoce. Mientras ella vive su nostalgia, afuera, la pobreza, se lleva la esperanza. Comentarios (1)
![]() Mi tierra Grande escrito por HERNAN GUTIERREZ BEDOYA, agosto 14, 2007 Escribir comentario
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contada la historia de Terron Colorado de esa manera tan especial se que les va a encantar a mis niños.
mil gracias por tan hermosa experiencia y que Dios los Bendiga y a sus Familias...