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En el Quindío, la zona de Salento y Filandia, es el paisaje más hermoso y sobreacogedor que uno pueda imaginar, el paisaje ondulado, el verde suave, el sol cayendo lento, al fondo la vista del Parque Nacional Natural de los Nevados, los bosques de eucalipto, las cercas vivas, los ríos limpios, las fincas multicolores de pasillos frontales y chambranas. Los pueblos, la gente.
Cuando puedo viajo a esta zona lo hago solo por el placer del paisaje, el ritmo acompasado que toma el corazón en esa altura generosa, por el gusto de un cafecito recién colado y el especial trato de los paisas.
Si en algún lugar me gustaría vivir sería en esta zona. En Filandia por su espléndida vista, su buen talante arquitectónico, por mis ancestros que jalan cada vez que quieren. O en Salento, por el imponente Valle del Cocora, sus bosques de niebla, sus palmas de cera majestuosas, sus noches de luna llena, el nevado del Tolima que se alza al fondo, el suave limpio que pega en las mejillas y mejora todo sentimiento.
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