El origen y la evolución del maíz han sido un misterio ya que este ha llegado a nosotros altamente evolucionado, sin conocerse formas intermedias. A pesar de extensivas búsquedas de las formas silvestres de esta planta, no ha sido encontrada alguna.
Desde el siglo pasado diversas teorías han sido expuestas para explicar el origen y la evolución del maíz, la más popular de ellas acepta al teocintle de Chalco (Zea mays ssp mexicana) como el posible antecesor directo del maíz.
La historia del maíz se encuentra surcada por la crianza, domesticación y cuidado de la semilla. Sabidurías y conocimientos han sido legados de manera vivencial de padres a hijos desde tiempos ancestrales.
Las condiciones actuales de producción han hecho que cada vez sean menos quienes se dedican a la siembra, y que quienes se quedan en esta labor, sean duramente permeados por las leyes de la economía y la rentabilidad que dejan por fuera la función espiritual y ética de la labor de siembra y producción del alimento y la relación de reciprocidad y equilibrio con Madre Tierra.
Por otra parte, las relaciones de producción se han transformado y con ellas la cotidianidad y tras la cotidianidad desarticulada de la familia, los hábitos alimenticios en los cuales cada vez se consumen menos productos locales y cada vez más productos alimenticios industrializados con un alto precio, que ponen en riesgo la soberanía y la seguridad alimentaria.
Estas abruptas rupturas en los relacionamientos entre la comunidad humana y entre ella con Madre Tierra, nos pone ante varias preguntas:
¿Qué significa para la Humanidad la pérdida de una variedad de semilla de maíz? ¿Cuánto pierde la Humanidad en términos de conocimiento frente a los modelos de desarrollo occidental impuestos? ¿Qué significa la desaparición de los sabores ancestrales del maíz?
Se hace urgente pensar entonces cómo fortalecer a las comunidades que hacen resistencia a la expoliación de los saberes y ser parte de la concienciación del mundo occidental.
Cuando la semilla del maíz es entregada a Madre Tierra, surge una fuerza vital de conservación y crianza mutua. Podemos comprenderlo en una idea básica: si los humanos trabajan para la naturaleza, la naturaleza trabaja para la humanidad.
"Una vez que se cubrió la tierra con una gran inundación, dos hermanos se lograron salvar subiendo hasta la cima de la montaña. Cuando las aguas descendieron trataron de buscar un lugar en donde encontrar alimento, aunque nada se logró. De repente aparecieron en el cielo pájaros suministrándoles alimentos y bebidas elaboradas a base de maíz, retornando cada día para alimentar a los hermanos. Un día uno de ellos logró atrapar a una de esas extrañas aves convirtiéndose en una muchacha india, que les enseño a cultivar y transformar el maíz…"






