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Tierra de Maíz - El Blog de Vera Carvajal

Quiero pensar que los días, mis días, son un racimo de uvas o una mazorca fresca de maíz, no en definitiva, una cuenta regresiva. 

 
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Todo el amor para la luna de Perkins PDF Imprimir E-Mail
martes, 22 de noviembre de 2005

En este tiempo en que las metáforas están gastadas, bueno es encontrarse con la palabra de Mauricio Capelli, poeta “hombre con suerte” y el olor dulce del vallecaucano.

No deja de asombrar su fecunda producción y su palabra de madurez temprana. Su más reciente libro, Todo el amor para la luna de Perkins, fue lanzado durante la 12 feria del Libro del Pacífico.

Yo, lo conocí por las cosas buenas que la casualidad deja a su paso, en Roldadillo, población al Norte del Valle, en un encuentro en la Casa Quintero, en el que el poeta Capelli, entregó como bellos y necesarios dardos sus escritos, para después con la luna a nuestras espaldas irnos con el deseo metido en el pecho, de descifrar en cada verso, quién es la afortunada Perkins...

El despreocupado

No me importa saber que al mundo
Se le derriten sus polos de vainilla,
Ni que dios se raspa las rodillas
Cada vez que se cae del columpio

No me preocupa saber que las metralletas
Sustituyen las esperanzas,
Ni que las promesas, las de siempre,
Son hechas por los que tienen metralletas

No me preocupa saber que la capa de ozono
Es un útero por donde asoma nuestra bestia,
Ni que el pensamiento es un barco que naufraga
Junto al eco de un corazón deshabitado

No me preocupa saber que Latinoamérica
Se esta muriendo de vergüenza,
Ni que la muerte me espera con su abrazo
Aunque escriba y sueñe lo que quiera

No,
La vida es muy corta para las utopías
Y el mundo se quedó huérfano
Y es hijo de nadie y de ninguno

Solo me compete que la semilla de tu nombre
Germine a diario en mi memoria
Y que mi palabra sea el cauce perfecto
Para que tu recuerdo me recorra como un río
Sólo tu nombre, siempre emergente,
Sólo tu nombre y nada más.

Gracias sol

Todo lo que te escribo
Es trinchera para tu aguerrida ausencia.
Ausencia que algunas veces, lo confieso,
Me saca a pasear como a un perrito,
A quien la noche disfraza de sombra
Y a quien el sol, solidario y conmovido,
Le devuelve la vida untándolo de amarillo

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