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sábado, 14 de enero de 2006 |
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Hoy conocí a Gustavo Petro, congresista del Polo Democrático. Es lúcido, mucho más alto y simpático en persona que en la televisión, donde siempre es tan serio, con sus ojos abotagados, siempre protagonista de los debates que lo ponen en el centro del huracán que arrasa nuestro país. Lo vi en su chaqueta sencilla. Debajo, su armadura contra las balas. Al ver este chaleco pensé que uno debe ser muy valiente para no sentirse solo debajo de una de estas prendas, que más deberían proteger los abrazos y otra serie de boberías romanticoides, que se esfumaron cuando recordé la suerte quienes han intentado hacer oposición democrática en Colombia.
El derecho a la ingenuidad está derogado. Aún así hoy puedo decir que Petro sonríe, además con una sonrisa muy bonita.
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