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Conocí a este hombre por que está de vuelta con mi hermano Lizardo en nuestra ciudad, y aunque me lo habían anticipado, cuando lo vi por primera vez pude constatar que lo de poeta le viene congénito, pues tiene los ojos con esa redondez melancólica que solo tienen los poetas y las manos de dedos largos, como si crecieran con cada verso.
Alberto es de España, motivo más para ser poeta, pero anda dejándose seducir por las américas, dejándose colonizar los sentidos. De hablar, habla muy poco, pero de escribir, escribe con ojos y manos de un poeta vital y contemporáneo que a través del verbo abre paso a su tiempo.
A continuación dos poemas de Alberto Cordero, de quien pueden encontrar más producción en http://absurdinopia.blogspot.com/
Todo lo que cuesta
Los que digan que es fácil escribir poesía no alcanzan a vislumbrar ni remotamente el valor de todas aquellas botellas de vino que Li Po liquidaba cuando podía a orillas del río amarillo.
Esos labios y no otros
Esos labios, axiomas de carne rosada, confines de una fachada; esos labios de alborada puntual tan capaces de besar como de ordenar morir; esos labios, cada uno subordinado al destino de su opuesto, engañan, acarician, se esconden, tiemblan, aman, odian, se encogen, se retuercen, se estiran, esos mimos carnitudinales que miman y maman y meman y mutan, y se despegan el uno del otro para así mostrar al mundo su secreto en forma de palabras, palabros y palabrerías enteras que se retuercen, estiran, encogen, tiemblan... como bestias de viento saliendo del parlamento de los sonidos. Y esos labios, tan lascivos pueden llegar a ser como inocentes pueden parecer a llegar, ¡qué fácilmente se ensucian de gula aun sin poder remediarlo! Esos labios, que suavemente olisquean el anzuelo del deseo, humedecidos con savia, dejan entrever el cebo serpentesco que guardan en su trampa cuando se entreabren con inocente sorpresa. Tan bellos como flores carnívoras.
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