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Escrito por Enrique Riveros Lunes, 02 de Noviembre de 2009 00:00
Debo confesar que no he logrado domesticar del todo la escritura, que pesa mucho en mí la tradición oral de mis ancestros y la tendencia a decir más que con la cabeza con el corazón, más que con la razón, con las emociones. ¿Acaso es correcto esto? Para la actual sociedad no lo es, todo lo malo viene asociado con las emociones y el que tiene la “razón” tiene la verdad, y el que tiene la “emoción” está equivocado.Entre éste afán de decir con la prevalencia de las emociones; me animo a cultivar la palabra desde esta parcela, desde ésta Tierra de Maíz y en memoria a quienes nos antecedieron en esta Madre Tierra, a quienes supieron cuidar la vida en todas sus manifestaciones con la emoción de sentir que todo vive, que todo lo que nos rodea es sagrado y merece cuidado y respeto, que supieron entender que la vida es posible sólo en el plano de la solidaridad y la reciprocidad, ni siquiera sólo entre la comunidad humana, sino entre los distintos seres de la naturaleza y el mundo espiritual.
Hablar, diré escribir, sin el temor que la razón traicione, sino más bien ayudando a que la emoción proscrita insurja cuál flor entre la inmundicia, cuál ancestro redivivo usándonos como medio del decir y sentir y ofreciéndonos nosotros con el corazón abierto y los sentires en guardia.
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