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Escrito por Doris Lucia Ruales Piñeres Sábado, 06 de Febrero de 2010 05:00

En capilla de llegar al medio siglo resulta muy liberador desandar caminos. Como la huella en la arena que se borra con la marea alta. Como una interminable fila de hormigas que se tocan las antenas y luego prosiguen su camino al interior del hormiguero o en busca de comida para soportar el invierno. Es el ovillo que tira de la punta del último respiro para volver a tomar aliento.
Un poco más de 18.000 días marcando sus lágrimas y asombros, sus risas y afanes, sus desesperanzas y retos, sus encantos y desencantos, sus amores y desamores. Me acerco a esa edad donde vivir se convierte en una labor de tejedora fina, de artesana creativa. Ya no se puede improvisar, el libreto empieza a repetirse y toca renovarse por dentro.
Caen los esquemas, las inflexibilidades, las militancias ciegas. El mundo ya no es nuestro ombligo, va más allá del vuelo de los sueños y las utopías. Es necesaria la trascendencia más allá de los lazos de sangre. Algo nos dice que una huella hemos dejado en alguien… ojalá sea la huella de una sonrisa.
Desandar los caminos parece mi propia historia repitiéndose sin cesar… de los ojos del asombro a la rutina de un bostezo eterno, de la certeza del afecto a la relatividad de la condición humana que siempre guarda un sinsabor.
De la nueva ola de la música y sus baladas azucaradas, a la salsa y luego la trova revolucionaria. De una guerra a otra guerra, de la primera y segunda guerra mundial cuando aún estaba en prospecto en la juventud de mi padre y la niñez de mi madre a la guerra del golfo pérsico transmitida por televisión, de la revolución cubana al socialismo del siglo 21 de chavez, de las salvajes dictaduras del cono sur a la dictadura uribista que duele en carne propia.
Desandar los caminos es un alfabeto conocido donde siempre aguarda un poema liberador. Un gesto de la maravilla de vivir que nos hace felices un instante, nos atiza las ganas, nos formatea el pensamiento, le pone alas a nuestra imaginación.
Si los cuarenta me decantaron por dentro las ansias viscerales de volar, esta media centuria me invita a macerar el fueguito salvaje de mi insoportable trascendencia, a moderar las pasiones y procurar tonalidades diversas a mi vida, esto solo es posible si logro dejar aquí y ahora mis amarres, mis apegos, mis conocidas anclas, mi acomodada sensación de mejor repetirme, porque qué miedo desconfigurar mi ser o mi apariencia ante los otros.
Si, definitivamente estos cincuenta lo que invitan es a re-crearse, a reencontrarse, reponerse y sanarse respecto a los demás pero sobretodo de mí misma. Se recoge el ovillo de la existencia y toca decidir continuar la espiral infinita de la esperanza renovada.
Foto en licencia creative Commods de Seluel http://http://www.flickr.com/photos/seluman/2716207739/




