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El sonido de la noche en Putumayo es un verdadero concierto. Los perros aullando  en un lamento continuo, las ranas, los pájaros nocturnos y desvelados, los grillos estridentes, todo se eleva al cielo estrellado como una plegaria recurrente, como un cántico eterno.

 

No necesito  yagé para que mis oídos se agudicen al máximo. Pero entre las estrellas y las tinieblas que circundan la casa donde  me quedo me  recuerdan que hay vida. Una vida que bulle,  hierve, se expresa en diversas tonalidades y ritmos.

Los grillos son el tenor de la noche, Las ranas son un coro lejano. Los pájaros desvelados parecen entradas de gaitas y flautas. Los perros  le dan  una cadencia de voces  que interrogan las sombras sin respuesta. Las hojas de los arboles  semejan violines acariciados por el  viento húmedo. Hoy llovió y refrescó el ambiente. Quizá por ello tanta bulla en el lugar.

El verano ha sido prolongado y fuerte. La cascada del predio se está  secando, el rió ha bajado el caudal. Por eso los habitantes nocturnos salen a festejar con tanta algarabía que me siento acompañada y contagiada de felicidad mientras te pienso y quiero y te sigo pensando… que tranquilidad.

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