lunes 5 de enero de 2009

Inicio y posdata


" hasta la soledad de esa mujer, no se abre camino nadie..."

Laura Restrepo




En un cuerpo de seda, todo era más fácil. Sin arnés. El equilibrio era una mera rutina de alpinismo. Jamás la obligación de ser topo en subterráneos con carteles extranjeros y combinaciones ambiguas.

Ema sabía quién era, con sus dudas y deseos. Era abanico de su carne y pensamiento, inquieta en búsqueda y silencio; consciente y convencida de que entregaría su aire a brisas en nítido, sonora y crédula.

Ilusa Ema. Socavada Ema.

Abaniquera. Agitada deseada, deseante.

P.D:

El túnel me fue corto, oscuro estrecho.

Mi puntilla al borde del desnudo supo bambolearse, supo entregarse.Ahí fue donde aprendí.

La mentira representa muy bien su personaje. Se traga el aura y en el medio del ir y venir, se abre en topetazo, te cruza la cara en cachetazo y te roba para siempre tu seda de abanico y la creencia.

Soy apenas, ahora, un papel plegadito que se cuida de los fósforos.

martes 30 de septiembre de 2008

También florecen amapolas






Animal de laberinto.

Eso podría ser don Gracián. Cada día el tren, le movía los cimientos de la vieja casa.

Por dónde salir del trágico bolsillo con las cuentas por pagar. La quinta del fondo florecía; pero las puertas que antes compraban ante su canasta fresca, las cerrojó el supermercado.

¿Y si fuera pájaro? Sus veteranos árboles y un clavel del aire lo llevaron a la salida, frente al aroma ancestral del laurel y del romero.

Entonces fue a la cocina, el lugar que Braulia, su compañera, veneraba sin laberintos; porque la ventana siempre era un sol con salidas y en su macetero siempre nacían amapolas guachas.

Vamos Braulia, abramos la mazmorra de los pájaros. Hoy me di cuenta que toda encerrona tiene posibles, si vibra por el tren es porque aún pasa y si lo oímos es porque estamos vivos y aún nos mueven el deseo de los cuerpos, el trabajo de las manos en la huerta y los ojos para pelearle un lugar al monedero y disfrutar el chispazo del canto de los pájaros como una gratis comedia, del laberinto de amores que es la tierra.

Atardece y caen dátiles maduros de la vieja palmera revolucionaria.



imagen : "las cosas se fueron detrás" de Don Eugene Seastrum

Sin azúcar




Sí, hierve el café.

Recordó otra ebullición. Pero lo cierto es que está solo frente a dos tazas. Dónde, habían quedado las manos que se supieron de la misma tinta, aquella vez sobre otra mesa.

Volvió a mirar, la mujer no estaba; al fin lo confirmaba, lentamente…Desde ese olor a café penetrándole el olfato, viajándole hacia adentro; poniendo de marrón caliente su sangre y demasiado ardiendo su cabeza.

Carajo, qué se le fugó la vida; haciendo mucho fue hacer nada. Esperaba un milagro para sus huellas malas. Nadie vuelve a lavar las tazas, si el agua que se arrastra está podrida.

No, ella no habitaba allí, desde hacia veranos y vientos y hendijas congeladas de la casa. Ahora entiende. No podía quedarse junto a alguien como él, que aún no sabía ni su nombre ni su talla. Había robado por años el café y una fachada; hirviendo toda su vida y su apellido en la mentira.


imagen: "motas de polvo a la luz del sol" de Vilhelm Hammershoi-Dinamarca


domingo 6 de julio de 2008

Sembrar de nuevo





Le dio la menta, cajita barata; la muchacha alcanzó a tomar el vuelto y escasamente colgarse del colectivo. Así son las madrugadas urbanas, urgidas de turno viaje y jornal.

Este lunes acallando resacas, el hombre no arrastraba excesos de cerveza, sino entuertos de vacíos; aún, rodeado por el kiosco.

La menta…

Allá en la quinta de Ezpeleta protegida por paraguas de eucaliptos. Entonces, las pocas luchas conocidas eran por lograr crecimiento puro y libre; siempre el viejo protestaba: que el romero demasiado grande y los brujos demasiado pocos para usarlo en sus brebajes; claro, que el laurel arrasaba con su sombra. Él tenía sus razones; pero la no podada era defendida por los tucos de la vieja… ¿Y Juan dónde estarás? Te veo, entre las sombras escribiendo; vos, veías más allá del alambrado.Después el pozo,la tortura y la huella de ceguera.

Puta madre…solo una pendeja compra pastillas de menta esta mañana; los diarios no se venden, hay un montón de canas en la esquina, que me repican los sesos de otros tiempos donde enmudeciste Juan; y hoy me vengo agitando, con el barco de olores, la memoria. A veces una flecha al corazón es lanzada por la cara de rutina; y sin embargo es como un vaso de agua a tiempo, la dádiva necesaria de cambiar aire, volarse, seguir vivo escapándole a esta esquina de Retiro; donde el capuchino de traje se junta con matecocido en zapatillas.

Las dos y cuarenta de la tarde…apenas dos turros diarios vendidos y encima de los más tetrabrix, esos que no encienden más que el fuego en las vísceras de los hombres y nada de sabores con raíz de sustento. (Sin hacerlo conciente, desde que se le instalara la menta en su discurrir, escribía…)

¿Qué hacés?, Juan…me asustaste… ¿cuándo llegaste?

Nunca me fui, gozaba de la quinta de Ezpeleta, renací en tu pensamiento. Rescaté domingo de ayer en estas hojas; no pude dejar de escribir tanta resaca que pocos denuncian. Ahora hasta me gira imperioso un título: “Tinta de especies libres que vuelve…”

Juan venció el letargo que encalla con el miedo.

lunes 12 de mayo de 2008

¿Qué es lo que se pudre?



Donato había hecho la pregunta, con el sigilo de un león, parado en su vieja esquina del pueblo. Es como mi bar, decía acercándose al asiento cercano; gracias a Lucinda enamorada de las plazas, que en su vereda había puesto un banco donde pensar cómo tomar camino, plaza, vida y ser mujer sin que le rasparan el rótulo y se lo volvieran atrás. ¿Atrás del hombre o atrás del hambre? Discurría.

Entonces, él se sentó, sacó su bandoneón y largó como cada tarde su concierto.

No sabía por qué no había nadie en el pueblo, sólo Lucinda un mate y esa súbita frenada fuera de ganancia, ya que nadie corría en la pacífica calle de tierra. Alguien bajó micrófono en mano, una verborragia sin emanación a cordura surgía del personaje. Preguntaba sin aire entre medio, quería saber de la carne al asador, quería primicia, queja, apoyo de ficción. Quería idiotas sin pensamiento, y repetía algo de tener un oro verde y una multitud en las rutas.

Lucinda calló, regó sus malvones de la verdad y Donato guardó su bandoneón. Pensaban: para hablar hay que saber de que se habla, o ¿todo es santo y castigo?.

Ambos iniciaron contra pregunta y reflexión, con la poca palabra llena de savia como turgencia de los árboles del pueblo: ¿Ud anda mendigo de dignidad o de mentiras? Parece un hombre de bares con café en palabras frías. Habría que interrogarse qué es tener, a los ojos de las miserias. Los necesitados que acucian futuro, aprenden como afilar el hacha para seguir la poda y no convertirse en hielo de los inviernos. Pero no tiran el árbol, sólo calientan el cuerpo para subir la cuesta buscando lo que se pierde y nos pierde. Sólo hacen la hoguera y reparten la sopa, siempre se cuida el bosque y se persigue trabajo.

Pero grábenos, publique, grite, muestre lo que le dijimos y a esta calle; solamente escuche luego, el murmullo del suelo que pisa…

Alguien con micrófono arrancó su auto despacio, llevaba esa pregunta del músico de esquina en su silencio.: ¿qué es lo que se pudre?, había repetido Donato. Y no sabía si apretar el acelerador hasta la ruta entre campos extensos de soja, o volver a compartir un mate y debatir sobre quién se está pudriendo y quién se pierde.

lunes 17 de marzo de 2008

Camino de hormigas


“Hay amores que se vuelven resistentes a los daños,
Como el vino que mejora con los años,…

Hay amores que parece que se acaban y florecen

Y en las noches del otoño reverdecen"...
(del film "el amor en los tiempos del cólera")




La vida es un naipe de doble cara.
Jorge había terminado su programa con esa frase, el intentó ponerle su sátira genuina; pero esta vez no la largó al oyente profesionalmente, se le quedó prendida a él.
La traía colgando de sus sesos desde la noche de insomnio, en ciertas ráfagas de duermevela se le habían venido encima naipes como moscas, tarántulas saltando por la almohada y otras ampulosas como puertas de hierro le cerraban el paso. Las restantes eran enormes sequoias que repetían su propia risa, se vestían de él, lo cercaban mostrándole la paradoja de que pueden las cosas parecer un juego; pero siempre se alzan en mascarada y nos ponen al descubierto.

Salió de la radio intentando no saber a que se debía su alteración nocturna, y como queriendo huirle a las imágenes frescas; se preguntó: ¡a dónde van los besos cuando los soltamos?

No pudo abrir el auto, caminó hasta Las Catalinas, sabiendo que buscaba viejas cosas que ya no están; se sentó en una plazoleta, había hormigas en el pasto.( le zumbó una voz como de hoy: “viste , las hormigas se comieron las margaritas”.Sí, era aquella plantita de la feria que le regaló a los quince años; ella era, una pureza de margarita, los besos descubiertos, su primer ardor de hombre; el deseo inconcluso.
Me voy a vivir a Israel con mis viejos. Un ciclón…Y pasó. La partida. El simulacro de olvido.

El dolor ahora afloraba reciente…de 30 años atrás.
A veces todo se guarda se apila y uno cree haberlo vivido todo. Jamás pensaría volver a sentir chinchines de la pelotudez adolescente, que le endilgaran sus viejos y que burla hoy de sus propios hijos. Y sí, se confiesa, de eso hago migas riéndome más de una vez, ironizando a invitados u oyentes.

Anoche los sentí, cuando salía de la cochera y esa mujer con un ramo de margaritas se puso a la par diciéndome: “a estas las salvé de las hormigas"


La vida, sí que me la cobró en crudo. Puta madre, como sudé en un segundo reconociendo su voz ante los ojos caramelo. Acabo de establecer que nunca, se habían ido de mí. ¿Qué hago ahora con el reverso de mis naipes?.



fotografía de daniel muchiut (foto taller chivilcoy)

sábado 15 de marzo de 2008

La fonda está cerrada, váyase!



Y se quedó, en la negra sombra del costado. Pura calle de tierra en la penumbra, metiéndose en las alpargatas ajadas.
Esa noche era para un trago, algo que de uva oscura le pusiera paisaje a las tripas.

Es que un hombre de llanura, necesitaba el cardo, el aire de los álamos y el gestual chistido en la lechuza.

Él se creía, que lo urbano era destino; que había ruidos alumbrados, faenas con sensatez y un obelisco. Si, él se creía, que allí estaba el tiempo que de campo había perdido; conocer los huracanes de autopista y una mujer que le floreara los días en su ascenso. Pero no. Encontró piedras cementadas en corridas, pobreza apurada e injusticias de bolsillo abultado. Parecía que nadie convivía mirada extendida.

Hacía 10 minutos bajaba en la estación del pueblo, puso un pié en el andén, y encontró aplausos en el aroma del hinojo bordeando los rieles. Un coro ancestral poniéndole polvo y yuyo para recibirlo alfombrado.

Si, necesitaba el trago, no por angustia; por inminente: agasajar regreso.

Le llegó unos pasos de colonia fresca, y escuchó: Antonio volviste! acompañamos unos mates?...Era Emilia, terminaba de vender sus dulces y volvía a la chacra: Aquella; a quién escribiera versos un día, viéndola en el trajín de sacarle monedas al peral. Por fin el trago, de nuevo el campo, un mate, la siembra. Y en Emilia, su destino.




en homenaje a mis abuelos

foto :daniel muchiut-http://www.fototallerchivilcoy.com.ar

martes 12 de febrero de 2008

Continua mente, de la MIRANDA


Ni coordenadas ni azahar, fallas del tiempo .Se encontraron de frente fuera del agujero negro .Exótico medio en el que estaban paradas. Un pico de águila inmenso (de pié en él estaban volando)
Ella era ella.
Pero eran dos: Juana de la Miranda, sevillana y Juana Miranda, argentina.
Viajaban mirándose sin poder hablar. La una se preguntaba de la otra, a la vez que se estudiaban poco a poco.
El ave tan inocente en su vuelo, gigante en ese espacio, pareció decidir: se inclinó rozando el asfalto imitando un aterrizaje. En ese juego las mujeres cayeron.

Cambió el escenario.

Ambas caminaban, se dijeron a sí mismas "esta otra tan disfrazada y perdida, al menos camina como mujer normal"
Pararon a la par...Juana la argentina tenía solo una mínima enagua traslúcida… La sevillana un montón de telas apretadas a corsette. Una descalza la otra con botas altas inculpadas de cordones.
No pudieron más:
quién sos , de dónde salís así
quién eres mujer como te animas a salir de ese modo

Se dijeron sus nombres...sorprendieron más .Las preguntas caían como granizo: fuertes, golpeando; como haciendo huecos para verse adentro...Edad, procedencia, qué telas tenían sus ropas, sus pies, el cabello y ese preocupante parecido como espejo que tenían .No había forma de comprender; pero se entendían aunque usaban palabras tan antiguas o liberales según la que hablara. No. Decían, y se espantaban se alejaban se volvían; todavía no llegaba el atrevimiento de tocarse.

Juana Miranda era expansiva decidió contar como apareció sobre el águila...estaba en su cuarto puro verano no aguantaba el calor ,subió a la terraza de su edificio en el piso 33 allí se encontró con un tipazo vecino que la daba vuelta y se refrescaron en la pileta compartida .Después la charla , un pucho las gotas bajando , la noche por techo hicieron de las manos un lento concierto...el reconoció sus párpados que parecían pegados a los muslos...ella viajó mansa en el tren de sus vértebras .Sudor con vapor más que cómplices ...al fin emprendieron el vuelo....se elevaron ,ese Buenos Aires del 2007 era una cuna de luces , que empujaba hacia arriba un piano con Piazzola , envolviendo el tiempo...amaban...a cinco puntos del infinito.....
Se perdió por sus pechos el abrazo del hombre y se perdió ella sintiendo un beso erecto en la entraña. Creció un túnel desconectado atrapando esencias…
Hasta el pico del águila....sola.

Se sentó .Aún en la presencia del orgasmo, evocó sin comprender ese suceso mientras armaba un ovillo con su cuerpo de silencio y los pezones acusando.

Juana de la Miranda...sentía fugarse su aire...sus ojos abrían, casi estupor casi lágrima .Abrazó apenas a su casi ya compañera…retrocedió enseguida .De espaldas con pudor se empujó a contar lo suyo.
Era media noche, en su casa solariega todos descansaban de temprano; menos ella, el calor era imposible .Aflojándose un poco las ropas decidió salir al parque...no se había animado a quitarse demasiado por si algún grupo gitano habría acampado cerca, solían hacerlo en su Sevilla bulliciosa de 1807 .Caminó hasta la alberca...se metió vestida. Tenía que secarse para entrar a la finca. Pero también había un hombre en el agua que salió con igual propósito, se enfrentaron en una curva del sendero. Ella se había alborotado pero en su recato y temor no podía ejercer un paso....él se presentó como Mauro con voz calma que tranquilizó a sus pies .Por lo que siguieron andando, hablaron de sus hábitos distintos, de las sierras que rodeaban el sitio, de los perfumes que viajaban la noche hasta que subieron a una de las cimas Morenas
Las ropas pegadas un beso en la mano... estrella perdida atrapó el abrazo y hubiera muerto sino seguían...
Le costaba continuar el relato, solo agregó que ahí tan alto sintió como nacían sus pechos, como un filo de hombre la conocía....y volaban .Los dos conscientes que amaban....a cinco puntos del infinito.
Se colaron en un túnel peregrino comunicándose esencia…
Hasta el pico del águila... sola.

Se apagó la voz.... sus manos cubrieron el pubis....se sentó junto a su siguiente vida dos siglos después…
y entonces el abrazo de las dos fue prolongado y comprendieron.....

Solamente, la confusión fue del tiempo.

lunes 24 de diciembre de 2007

Será de un 2006 en más…




a Violeta Cielo


Eva, que me seguirá un día, será guerrilla, reina, seda, amor, y el agua.

Tendrá el posible de las musas y las lobas. El horizonte con fronteras de sus pasos llegando al arco iris.

Vestirá el gesto de mis hijos, las pasiones, las pancartas, la terquedad de no dejar de perseguir toda utopía.

Eva no cederá.

Eva pondrá cuero.

Eva volará más lejos que su madre/padre y la madre de su madre/padre.



esto fue escrito en 2005
ahora tiene fecha de nacimiento 23-12-07 y nombre
y sé que mi primer nieta es de mi hija,gracias sangre mía...

sábado 22 de diciembre de 2007

Perfumes invisibles




Antes, antes de ese amanecer; ella lo sabía o lo creía, o ambas cosas.
Él era el mito, la caja de música constante

Cuando lo conoció pasaron horas de lluvia y manos profundas, paraguas comprado y frases seguras. Tanto.

Él no usaba perfume, desnudo descubría un aire fresco debajo de sus brazos.


Intrascendentes y circunstanciales las galerías Pacífico, ponían una luna llena plástica y consumista; al explayado balcón. Así era el primer encuentro artificial y natural. Mundanal de shoping y de pasos de show. Parecían Bonnie and Clyde de tiempo flamante, en un Buenos Aires indiferente. Sólo cuando él acercaba susurros a las gotas de esencia en su nuca, un oasis ocupaba lo urbano en punto y aparte.

Huían siempre huían de sus algos, sentidos o inventados; pero no era cuestión de darse cuenta. El engaño era no dejar pasar la gemelidad de las palabras. Y hubo trechos sin perfumes que giraban mejor que cualquier voz y gemelaban de verdad.

Cobró espacio transcurrido, un sin verse. Los perfumes desvanecen o quimeran, o se tornan dueños de las cosas en otros ornamentos. Asombros cobran cuentas, revelan que una evocación no perdura igual, en el ser bálsamo de las personas.

Después de aquellos amaneceres, en la única vez que se hallaron de nuevo, ella cerraba el mito; percibiendo el piso real. Él no sería quién volviera al perfume de su nuca.
Ahí fue donde comprendió una frase anónima que alguien le diera como disparador:
"A veces el tiempo tiene perfecciones y miserias hasta en los más ínfimos actos de su transcurrir."

domingo 16 de diciembre de 2007

“Halló cartas en una alcantarilla”…






Había sido ciudad de mitos. No podía recordar nada más que los días después donde ya no era.

María ,escritora y Pablo, periodista, eran extranjeros; fueron allí en busca de datos distintos cada uno. Pero así como circunstancialmente cruzaron sus pasos al llegar. Así causalmente siguieron juntos, en el desaliño abandonado, que sólo les silenciaba secretos sin moverse ya nada.

Resultaba riesgoso, para mantener la calma, aventurarse a descifrar la utopía sedienta de llenos que parecía gritar el vacío. Percibían que un efecto “limpieza profundo” de rastros se había efectuado, donde nada tenía que perdurar para ser testigo y menos testimonio.

Irse era inminente, las cuevas del pensamiento se estaban cargando demasiado. Un giro, una zapatilla que se frena y la revelación que los detiene, baja la vista. Casi normal, aunque algo corrida, una alcantarilla denunciaba que lo urbano estuvo ahí; junto con esa bolsa pequeña, impermeable, bien atada, sobresaliendo incierta en el extremo deslizado.

La necesidad del indicio movió las manos, levantarla abrirla vaciarla fue arrebatante; casi sudando, casi como espías detrás de una cortina íntima. Un manojo de cartas cayó ante sus ojos. Exacto instante en que comenzó a lloviznar, mientras leían nombres tras nombres, remitentes, sucesos, amores, noticias del lugar que había sido. Sin darse cuenta empezaron un alejarse del sitio que tomó vida. Regresó el ruido, palabras risas notas.

Cuando subieron al auto estaban convencidos, ciudad hubo, era ella la que lloraba, no lluvia. Ya no había vacío. Y al fin había recordado la geografía de quién fue y desde los destinos de esas cartas volverían, había logrado denunciar su destrucción.

miércoles 5 de diciembre de 2007

¿Cuánto cuesta?





Hay quienes preguntan, por escasos, y otros, por excesos, jamás preguntarían.

Renata, pertenecía al primer estrato, ¡Ja! Sí, debería reírse satisfecha la narradora; en ciertos casos, al fin, se está primero; sino sabría que hoy no es verdad real, sólo un capricho literario. Pero alguna vez…alguna vez podríamos proscribir estas pirámides que mucho tienen de aquellas, las del Nilo…
Le alcanzaba, era como encontrarse su digna adentro. Pagó. Volvía lisa, por un rato, su áspera no maldecía desde el monedero.

Llegó. Genaro cargaba batifondo, golpes clavos ritmo inquieto y apurado; un adagio andante allegro vivace, se anunciaba por la casa.
Los dos en sorpresa, los dos en asombro. Dos regalos, para quien sería una identidad reconocida. Ellos eran uno solo en coordenadas y dos cuando les brillaba el silencio y sus afanes necesarios.
Desenvolvió su paquete, él dio su último fine enmartillado. Se descubrieron, una tela sabanitas de crío ella, cuna él; y un “para el que viene” a todo unísono. Los dos lo confirmaban.
Tendrían el hijo en unos brazos más de lunas. Serían, un acompañarse juntos de tres; por pasos, en guía hacia la acrobacia propia. Había proyecto y manos artesanas. Había presente y apetito de futuro sin cautivos.

Eran dos de esos, de la sana costumbre, sabían lo que cuesta. Querían y podrían.

miércoles 28 de noviembre de 2007

Autenticidades







Estaba vestida de damasco, sabía a damasco, con el blanco del jazmín regando escote.
Había jugado con plumas; que el roce los ojos, que el verde el pezón y los mantones deslizados.
No le hacía falta canción que la bautizara señora de todas las putas, ni felicidad ® que por comprada le daría las agriedades de aditamento artificial. No, tampoco era necesario un amor inteligente o sometido, mentira de la cultura y del buen dios.

Era mujer como cualquiera de su género, de nombre nombrado al nacimiento, tanto podría ser la Magdalena o María, pero siempre la sabedora de que el destino es el destino.

Y ahí estaba en complicidad aún en ausencia, con su amor surgido impredecible, trabajado. Único. Con los trenzados de alejarse nunca demasiado ni secarse su aljibe por excesos. Ahí estaba. Entre sábanas urdiendo la lectura en soledad de a veces, o rompiendo las bolsas de las fuentes con su hombre, cuando se olían en presencia.

Y algunas, sólo algunas noches, simplemente cuando el silencio sin razones, provocaba. Desvestida del damasco, esa mujer se masturbaba.

miércoles 21 de noviembre de 2007

La iniciación

Ella tenía su nombre de documento, era una mujer en lucha; pero entre su atadito en la cintura, había un cartoncito .Un boleto de tren, ese que levantó, cuando era una niña aún, en la estación más próxima a El impenetrable y estaban volviendo a los montes que dieron nacer a sus padres.
Lo había tirado una mujer extraña, que la atrajo como una estrella sola, en medio de un cielo nublado Tenía la bruma a su alrededor, la exaltación del fuego que despedía, acaloraba el anden, como si fuese saliente magma de las entrañas de la tierra. Sintió que alguien la llamó "Simple mente”. Se sorprendió que la tremenda imagen se diera vuelta, extendiera una mano al horizonte, que parecía ser el único presente de donde venía la voz. Cuando se preparó para presenciar un acto como agorero, como esos que inventaba en sus juegos, el andén se vistió de arco iris un segundo; se posaron todas las palomas de los techos en cada franja y un trino de campanas impulsó a su nariz un aroma que penetraba. Inmenso. De azahares de naranjo.
De pronto ya no quedaba nada en el andén. Miro a sus padres, a los demás viajeros nadie puso cara de ¡Oh...Virgen santísima! Nadie se estaba persignando espantado. Se dijo es tuya la visión, ¡te han aceptado!
Levantó el boleto y detrás escribió: te bautizaron " Simple mente".
Supo que nunca saldría de El impenetrable, y que las tierras a donde iban serían su rueda, su fogata.
El lugar donde sus juegos se doblarían para recibir a la wichi, simplemente, que ya era.
No le dio la mano a su madre.
Un paso firme la sacó del andén. Tenía sus dedos en la cintura donde colgaba su bolsita de hierbas silvestres que la atrajeron de siempre; mientras una niebla tibia la seguía anaranjando poniendo silbos por su boca.
Era solo placer de cinco sentidos. Apreciación de tribu, que la nombraba "Simple mente".
Quedaron atrás los rieles. Paralelos. Brazos. Los de sangre la estaban esperando.

La confirmación...
Fue por parajes de tierra polvorienta.
El carro casi retirado de girar por los años quietos debajo de un tinglado de ramas secas, intentaba el apuro de pasar los vados agrietados. .Nada daba resultado no había agua ni en los picos de los colibríes. Sus familiares mencionaban acobardados un extraño cultivo compulsivo, como causa de pérdida de vegetación, sequías o torrentes por súbitas lluvias que todo lo llevaban. Soja era el efecto que se veía alrededor.
Simple mente, ausente del espacio árido, apretaba preguntas y respuestas a sí misma: Lo viste todo. Te asombró pero ¡sucedió! Me siento entrada a la heredad que me pertenece; como si un gesto de aquella mujer me hubiera crecido.
Sí. Cuando tomé el boleto vi mis ropas cambiar. Mi cuerpo ocupa una historia legada de siglos.
Algo tendremos que hacer juntos este pueblo y yo; por que la tierra vuelva a florecer monte y hermanos con vida.
Percibo.


Percibe hoy, que con su comunidad andan aullando, simplemente por todo, todavía.





gracias a
Elena Poniatowska (México)que con su personaje Lilus Kikus inspiró el nacimiento de la niña de este cuento con su propia idiosincracia y realidades difentes.


domingo 11 de noviembre de 2007

Secreto de putas



vete con dios-me dijo con un rictus de tristeza, y volvió a su
vida real
-
...(“historias de las putas tristes” de g.garcía márquez)


Su vida real, ¡era esta su vida real? .Pura, la griega, que seguramente ya nadie recordaba en Milea; allá donde quizás su vida había sido real, allí donde su nombre es Aikatharina Milabas. Cuando llegó, la costa caribe la envolvió en un arco iris desconocido de palabras, pieles, destellos, follaje y olores.
Diez años habían pasado desde que la siguió del puerto, Engracia, menuda entonces para sus cuatro años; sus dos ojos como caracolas de miel le bailaban tan grande que Aikatharina había sentido que la recolectaba su colmena interior como bienvenida
Hoy era Pura, de tanto explicar el significado de su nombre, eligió quedarse con él.

Engracia también había elegido esa mañana y la bendijo. ¿Acaso las madres no bendecían a sus niñas cuando se casaban? Eso había sido ojos miel para ella (secreto de putas). Ambas lo sabían, ni la una ni la otra tenían alguien de su sangre conocido. Ni la una ni la otra tenían claro su designio. La Milabas soñaba ser arcángel de su canto, aquél viaje creyó abrirle las puertas de la ópera. Pero la gran mentira era la vida, y el director de orquesta un vende muchachas desprovistas. Al fin ella también había elegido: cantar para ella en las mañanas y ser su propia dueña por las noches; antes que un hijoeputa se enriqueciera de su cuerpo con excusas de ubicar su voz.

Así fue puta, fue ama de su cama, crió a Engracia preservándola. Pero Benito Batista, el sí era un señor decían, diez años saciándole el deseo, él pagaba y todo en regla.
Jamás pudo pensar que desde entonces; su mente en desfasado se había calentado con Engracia, se había enamorado con Engracia, se había acostado con Engracia siempre en su cuerpo, en el de Pura, y le pagaba.
A medida que Engracia formaba sus pechos caderas, su sonrisa dulce más envolvía.

Esa mañana en un abrazo interminable había subido al barco con un gracias madre en la boca. La bendijo como si casara con su propio regreso. Volvía a Grecia por ella. Olería Milea por ella. Sería budza por ella; como Pura ahora era puta por todas las Engracias ingenuas que ataca el desorden del orden mentido. Ya volvería.
Ya volvería Pura también al mediterráneo, quizás cenizas, pero ahora no urgía; tenía una hija a quien proteger.

Comenzó a ordenar la anarquía de su cuarto. Se dijo, carajo acá no más.
Benito había quebrado a su paso todo, hasta los espejos. Vociferando su lujuria perversa cuando supo que Engracia se había ido.
Pura no necesitaba los espejos, por fin sabía quién era y a qué había venido al nuevo mundo
Sería ella ante el hombre que la ame sin paga y sin reflejarle a ninguna otra mujer.

jueves 8 de noviembre de 2007

“Para Elisa” para Laura…


Muerdo del anzuelo, y vuelvo

a empezar de nuevo, cada vez…

"costumbres argentinas"

andrés calamaro



Se puede caer. María tiene tesón. Los circos y las costumbres argentinas se parecen. Corrientes de abismos, resbalarse de las cuerdas con red, sin red; resistir.

Y ella vuelve a trepar. Juan sabe que tiene una tercera dimensión en su cuerpo, que la comunica desde un raro sustancial, incluso con Beethoven que le liga desde Para Elisa: el trance, la seguridad de que alguien ofreció esa música para ella, por eso la deja fluir bajo la carpa del circo. Sabe que no volverá a caer.
Por que María no tiene a nadie, se hizo familia del circo, por eso busca respuestas desde el trapecio. Sabe que por el aire están los secretos de su infancia y por el oscuro agujero negro de la caída, la revelación de por qué no sabe quién es.

Aprendió a ser, de bebé a niña en una casa hosca, mandataria; llena de palabras escondidas ausente de respuestas. Decían somos tu familia y no había un puto abrazo que lo confirmara. Percibía un odio en cada orden, mientras le repetían no serás germen de semillas fermentadas. No entendía. Y apretada en tanta represión, la adolescencia la empujó escape. De trenes a rutas, de pueblos a fronteras, de equilibrios al diario que pedían empleada para boletería de un circo. No era un gusto estar inactiva detrás de una reja, algo en sus genes la repelía. Por eso rogó a Juan le enseñara a volar, nada en miedo, siempre en búsqueda.
Su número alternaba de fondo la música de sus musas, Claro de Luna sonaba esa noche por primera vez en Buenos Aires de nuevo; bajo la carpa del cirque Soleil.

La fama del espectáculo era mundial. Demasiado caro para Chicha que deseaba llevar a los nietos que le llegaron después de aquello. Fue con ellos a ver los carteles, la fanfarria de atracción en la puerta; la actuación había empezado; se oía a Beethoven desde adentro.
Recordó a Laura, cuando embarazada pasaba las tardes ante el piano enamorada de su música, acuciando el miedo que nunca imaginó tan monstruo. Nunca más supo de ella y su nieta, siempre presintió una niña. Corrió, corrió tanto entre cuarteles, gobierno e iglesias. Nada, mentiras de una época que la trituró como si hubiera caído de ese trapecio de la foto. Tenía en el bolsillo unos folletos que prepararan en la sede de Abuelas, con sus compañeras de búsqueda y de resucite; los sacó y comenzó a repartirlos impulsada por las notas que oía, algunos los tiraban sin mirarlos en esa indiferencia que muere la calle últimamente.

Terminó su rutina, ese día necesitaba ver el claro de luna afuera, ingente, llena como escrita de presagios. Levantó un papel distraída en la contemplación, Juan se puso a su lado, siempre Juan a su lado; miró las manos de ella y por curiosidad leyó el texto en vos alta. Causalidad.
Fue una sonata, una sinfonía un concierto por todos los parlantes inéditos de las bocacalles.
Al día siguiente fueron. Otro vértigo otra cuerda, ahora sí la ansiedad, el miedo de no tener certeza y sí.
Fechas, coincidencias, ADN.
Era Elisa su nombre, la hija de Laura, la nieta de Chicha.

El circo y las costumbres argentinas, la llevaron con Beethoven a saber cuando un abrazo es familia; siempre con Juan a su lado: su amor compañero.

lunes 5 de noviembre de 2007

Contra el muro



Detrás, detrás, detrás; caballo y galope atacado; delante, lante, lante en los ojos de Inot. Un flash, dos flashes, tres y más y más…, cada árbol un bosque se juntaba en su propia estampida. Se decía en esa especie de vértigo delirio: sos Inot, veloz, saltar, saltar, muros, saltar… (todo era un rugido latir del galope)
Si alguien chocara al paisaje, igual no podría con él, solo se veía la línea de una carbonilla negra casi volando detrás, casi empellando delante; que zigzagueaba y se descorría como una mina de carbón abierta por el vientre.
Inot llevaba la búsqueda, el evite de pérdida adentro, la consigna de ser de acero, resorte que pueda; mientras la voz…la voz…picaba en aliento su martillo de oído…más Inot…más Inot

Allá el muro, oscuro humedecido intenso; espada hacia arriba, montaña de ancho. Sin siquiera plantearse ser traspasado, se transcurre en poder de infranqueable, se deja seguro.
Después la cueva, la reja, el tiempo de aura de aparición en hembra; morada cerrada por odio de celo. Allí Surindia solo permanece, sabe que se brilla en luz que se muere encierro. Flamea y refleja cintura cadera pechos gacela, con olor a cruda. Sobrevive. Gracias a la voz que le susurra entre un rayo de armonías que salen de sus manos. Porque Surindia es maga puede sonar chinchines en su boca, hacerse vestido con los pétalos, perfumar su cabello con los ojos, pintar la cueva con sus piernas…saldrás Surindia…sólo espera

Dos voces se pararon sobre el muro, lo acusaron en hueco de sus timbres…sos de lluvia…fundite cause
En el preciso instante que caballo e Inot emprendían el salto homicida de estrellarse; sólo lluvia abrió paso al decidido; sólo lluvia movió barro desvirgando los barrotes, sólo lluvia mojó el cuerpo de Surindia.
Se puede, podemos, con los muros.
Sólo lluvia vio el abrazo del jadeante y la señora de la calma, bajo el cielo de esa noche con dos voces.



viernes 19 de octubre de 2007

Tributo popular (r/evolucionario)





Saca que saca chispas, la cumbia en el parlante.

Chorrea el sol, anuncia, aunque hay invierno rezagado por la calle, varias sombras se desatan. No necesitan la perfección de sus contorneos ni un coreado de alta fama.
Van queriendo ser. Bailan fiesteando la tarde, un carro, un tren improvisan bailanta. ¿Quién escucha? Y el silbato desde la estación contesta, ¿qué color? Y explotan a risas juntas: ¡un rojo!

Che Rulo colguemos el pasacalle, ayudá!, mi sombra ya sube escalera. La escriben, la tienden.
La Miya le suma sus cerrazones chinescas, aparecen pájaros, elevan la tela; la Colo sombrea un pañuelo, recibe, despide, alegra el propósito.
Tan seguros, compactos; adentro de lo soleado, inspiran respeto, hasta les piden permiso los transeúntes para pasar entre ellos.
Listo. Se explayó el pasacalle; y el parlante sigue poniendo los gritos de flores en la gala.
Leela vos Loqui. No me jodas, lo de loqui no me cae, bautizame en grande: loca de lunes; así, sí me va.
¡Leo!: Bienvenidos a la calle de los permisos. Y cada sombra salta, se apropia de sus cuerpos, aplaude y ríe.

Ahora se sienten ellos.

viernes 5 de octubre de 2007

Gemelos







Y si, yo lo parí, dijo Casildo. No estaban muy lejos del poblado donde se arreglaban los conchabos por temporada; podían no haberle preguntado nada. Entre esa tierra roja del camino, a veces abrir la boca era lanzar serpentinas teñidas del paisaje y alguna quedaba raspando adentro.

Pero dos comadres con el peón que echaran los Ledesma, se intrigaron. Le dispararon la burla primero aunque querían saber la razón de lo dicho. En las pelotas no se gesta un crío don, y usté no tiene pinta de mariquita pa andar soñando maternidades.

Casildo, con arrugas y achaques, llevaba su cara tan ufana como su gesto cargando al niño. Sonrió como quién se toma tiempo, ante los curiosos; sonrió como todo padre lleno de orgullo, sonrió cuando dijo pausado. Metí la mano, lo acomodé y en un pujo de resto de la pobre diabla; lo traje al aire, corté la tripa, lo envolví en el poncho .Le di la bendición a la madre cuando ya no estaba en este mundo, donde sola su cuerpo tenia por familia.

Les dije, lo parí. Anduve de montañas a papeles de abogados, de jueces a señoras agrias de patronatos de menores; hasta que con mi mujer entendimos y peleamos desde lo natural que es lo más sano. En lo que llaman lo legal, entraba el asco, la discriminación a nuestra humildad y la pobreza. Ni que hablar que nadie se paraba a pensar en el niño. Nosotros somos safreros, viajamos a pié como ustedes de predio en predio, sin domicilio conocido nos registraban en tanta planilla que ni para remate sirvieron.

¿Y consiguió la tenencia? Preguntaron los curiosos de antes, ahora turbados por el amor incondicional sin valores de mercado; esos que ponen precio a la caña de azúcar y determinan el magro pago a destajo que siempre reciben.

Casildo se paró, esperó que se acercara su mujer, Juana venía retrasada con un bebé de pocos días en los brazos. Sólo cuando pasó su brazo por los hombros de ella contestó. Sí, somos grandes ya pero no teníamos hijos, por esto de andar errantes; y en esta corta vida que se alarga en sucias trastadas de política y donde nuestros brazos se repiten en los siglos para ser los trastos acopiadores de los altos ingresos que esas gentes se gobiernan y se pagan. Entonces nos dijimos y si alargamos nuestra historia de pasados en este presente rudo repetido de cansancio y dejamos al futuro dos crías con la fuerza que podamos enseñarles; y quizás de los fracasos de ser ambulantes de los días de cosecha a cosecha, de sí patrón a sí patrón; dejamos dos hombres que se animen a decir No cuando sea necesario y crezcan motivadores de juntarse grupo para reclamo y proclama.