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No se cómo llegan porque nunca son iguales. Pasa al igual que con las cosas que escribo en mis artículos. Casi siempre salen de un tajo y no me gusta volverlos a mirar y ver conexiones y coherencias, ni preocuparme por ellos, por el estilo, por si están o no, dentro de la tendencia contemporánea de escritura.
Alguna vez llevé algunos, muy ilusionada, a un círculo literario, dirigido por un eminente escritor de mi ciudad, y me dijeron que eran bastante barrocos. De lo que intuí que no les gustaron. Yo me fui con mis cuenticos debajo el brazo y los dejé en una carpeta olvidada de mi computador. Ahora, con Tierra de Maíz, han vuelto a tocar la puerta, y yo gustosa les he dado lugar en este sitio.
De mis lectores espero que puedan escuchar las voces que se asoman entre líneas. Pues mis historias, aunque pasan por mi cerebro, mi corazón y por el baile de mis dedos en el teclado, no son mías, son de otros que a su vez han contado. |