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Poetas, cantores, magos de la imagen, de la luz y la sombra, pueblan nuestras vidas abriendo nuevas ventanas, espejos mágicos, donde la realidad destilada por el cedazo del cerebro humano adquiere dimensiones insospechadas.
Estos poetas, cantores, magos de la imagen, de la luz y la sombra, tienen la virtud de tejer destinos, de enamorar, de cantar y contar por otros… tienen la virtud de meterse debajo de las cobijas, dentro de los anhelos, en esa “cosa” que nos hace ser iguales como humanos.
Las reseñas que aquí entrego son de esas piezas y gente imprescindible para mí. Poetas, cantores, magos de la imagen, de la luz y la sombra, que a fuerza de tenerlos a mano a través de sus producción, he terminado por llamarlos como si fuesen mis amigos de crianza, de toda la vida, como si gracias al arte y a la palabra, se abriera una dimensión de tiempos y espacios donde es posible escuchar un eco polifónico que entrega ideas vitales para conservar la esperanza.
A ellos, a quienes aquí reseño me debo mucho. Es mi forma de decirles gracias, es la forma de contarles como un hilo invisible teje una cercanía, como, casi sin querer, resultaron implicados en algún momento con una mujer anónima que los acogió para siempre en su particular historia, al igual que miles que abrieron con sorpresa esas ventanas, espejos mágicos y pudieron ver con sorpresa el reflejo de su propio universo.
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