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viernes, 17 de noviembre de 2006 |
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Ella se sentó en la banca justo al lado de Él, como quien no quiere, como si no quedaran más sillas. Movió un poco su cabello cuidando de dejar volar su perfume. Los demás la saludaron con entusiasmo, con besos y abrazos largos, a los cuales Ella correspondía feliz. Sin embargo a Él lo miró indiferente y pidió un trago de ron.
Él hablaba con entusiasmo de los últimos acontecimientos, de sus últimas conquistas, mientras fumaba un cigarro tras otro, mientras tomaba un trago tras otro, sin descuidar de vez en cuando, mirarla de reojo a Ella, tan parca, tan dueña, tan inalterable, quien por su parte, no podía evitar accidentalmente rozar su pierna en la de Él, sus dedos en los de Él, y armar flores blancas con la servilleta de Él, que finalmente terminó hablando bajito en la caracola de la oreja de Ella, cerca a su cabello, a esas alturas ya tan impregnado a tabaco.
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