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miércoles, 13 de septiembre de 2006 |
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Ella iba cada domingo puntual a la cita en el parque de las banderas. Él, siempre llegaba un poco atrasado, con el sudor de la tarde bajando por su pecho descubierto. Ella lo esperaba con paciencia, se ponía un poco de rubor en las mejillas, se limaba las uñas siempre gastadas por el detergente, tendía un saco en la hierba y gozaba de la tarde y el viento. Era su día libre, el único de la semana, cuando tenía salida de la casa de sus patrones.
Cuándo al fin llegaba Él, se acostaba boca arriba junto al saco, apoyaba su cabeza sobre las piernas de Ella, y guardaba silencio. Ella contaba sobre los últimos acontecimientos de sus patrones y la vecindad y aprovechaba para sacar los puntos negros abundantes en los poros de Él.
Se iban ya con la tarde a cuestas. Al despedirse, Él la besaba con labios húmedos, y entonces Ella, comprendía por qué iba cada domingo puntual a la cita en el parque de las banderas.
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