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De amores de maíz y otras sutilezas |
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martes, 06 de diciembre de 2005 |
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Lo amó antes de saber que él no necesitaba alas para ser colibrí. Antes de que él pudiera descubrir sus cicatrices sin miedo, y pudiera contarle de ese día en que su vida giró en la rabia y el dolor de una herida de plomo en las lumbares, el giro de la cárcel y el exilio.
Amó su desfachatez y su habilidad por permanecer joven toda la vida, la intemporalidad de su buen humor. Lo amó sin pedir explicaciones, a distancia y sin tocarlo, sin maldecir a las mujeres que pasaron por él.
Lo amó con la fidelidad sin aspavientos de los cómplices de noches y de tragos, en que las risas abundan y la soledad se espanta. Lo amó también en el invierno, cuando los huesos duelen y los recuerdos sanan.
Él lo amó a él, y él nunca advirtió nada.
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