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Tierra de Maíz - El Blog de Vera Carvajal

Quiero pensar que los días, mis días, son un racimo de uvas o una mazorca fresca de maíz, no en definitiva, una cuenta regresiva. 

 
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De amores y tusas
Habladurías
lunes, 16 de abril de 2007

Él la advirtió en el primer timbre de esa llamada de número desconocido en su identificador. La advirtió como quien se adelanta unos segundos en el instante que viene, sin tener tiempo para cambiar el destino.

Si, aló… (Y llegó la voz de Ella, campanazo trueno directo a su pecho, donde se abrió una veta por la que el recuerdo se escurrió, como un filón de luz).

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Fantasma
viernes, 23 de marzo de 2007
Y Ella le dijo: Me quedaré en el tiempo de la ausencia, como dulce venganza a tu desamor. Y Él alzó los hombros y guardó silencio mirando como Ella se iba detrás del hilo de sangre que ya cruzaba el umbral.
 
Tácticas de seducción
viernes, 17 de noviembre de 2006

Ella se sentó en la banca justo al lado de Él, como quien no quiere, como si no   quedaran más sillas. Movió un poco su cabello cuidando de dejar volar su perfume. Los demás la saludaron con entusiasmo, con besos y abrazos largos, a los cuales Ella correspondía feliz. Sin embargo a Él lo miró indiferente y pidió un trago de ron.

Él hablaba con entusiasmo de los últimos acontecimientos, de sus últimas conquistas, mientras fumaba un cigarro tras otro, mientras tomaba un trago tras otro, sin descuidar de vez en cuando, mirarla de reojo a Ella, tan parca, tan dueña, tan inalterable, quien por su parte, no podía evitar accidentalmente rozar su pierna en la de Él, sus dedos en los de Él, y armar flores blancas con la servilleta de Él, que finalmente terminó hablando bajito en la caracola de la oreja de Ella, cerca a su cabello, a esas alturas ya tan impregnado a tabaco.

 
Precavida
jueves, 19 de octubre de 2006

Era demasiado eso del desamor para Ella. Por eso se percató de tener varios amores a la mano, por si acaso. Uno nunca sabe y al fin y al cabo eso de deshojar margaritas no es cosa para una mujer moderna.

Con lo que no contaba Ella, tan precavida, es que ni la presencia de todos aquellos, hacia soportable la ausencia de Él: singular, único, definitivo.

Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere… no me quiere… no me quiere.

Eso del desamor era demasiado, aún para Ella, una mujer moderna.

 
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