Mi abuela Conchita
La muerte es sin lugar a dudas un hecho inapelable, por eso acudimos a la poesía para renombrar, para poder mirar a los ojos los verbos que en adelante siempre se conjugarán en pasado. Tal vez allí la tristeza de la muerte, no ya la tristeza de lo no vivido, y menos como vivió mi abuela Conchita; no ya de lo no entregado, y menos como entregó mi abuela Conchita; no ya de lo no amado, y menos como amó mi abuela Conchita.






