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Sobre la muerte en Colombia

portada de el espectador del día 24 de marzo de 2010Una amiga me dijo después del asesinato de su compañero, que todos en Colombia tenemos la bala comprada. La frase me llegó directo al pecho, frase verdad que estremece.

Nos acostumbramos tanto a la muerte, a esa certeza de la muerte como herida anticipada, que perdimos el rastro del dolor y la indignación frente a los homicidios diarios que ya no hacen ni noticia.

La prensa de hoy viene cargada con titulares que entre farándula y chicas en ropa interior, cuentan justamente en qué país nos tocó nacer, crecer, amar y soñar antes de que probablemente la bala nos alcance.

La prensa recuenta tres asesinatos en la madrugada de Bogotá; el tema del día se centra en la situación de la región cordobesa colombiana, donde Iván Cepeda, reseña el asesinato del periodista y escritor Clodomiro Castilla; un escondido titular anuncia la crónica de la alianza de muerte en las masacres de Barrancabermeja, donde se muestra una fotografía sencilla y desgarradora: una fila de humildes ataudes vacíos, esperando sus muertos.

Recientemente un amigo extranjero me pidió que no le volviera a mandar noticias de mi país. Me argumentó que lo cargaba, que otros amigos le mandaban correos que no se atrevía ni a abrir sobre noticias de Colombia. En Noruega hace unos años una maestra, cuando intenté contar en mi infantil noruego el asesinato de un amigo, me dijo que las historias tristes no eran bienvenidas. Y creo que si, pueden cansar las historias que se repiten de una muerte tras otra... pero yo no me cansaré de contar la historia de mis muertos, por aquello de la memoria, pero también de la esperanza, y porque el “problema” de Colombia es cuestión de Humanidad.

Qué es de una sociedad que no cria la vida y le da paso sin rubor a este baño de sangre, mientras se embeleza en las trampas de los medios, la modernidad y el arribismo... la tragedia colombiana merece ser contada, cantada...llorada.

 

Padre Nuestro Maíz

Yo tengo manos de maíz. En ellas reside un hálito terrestre, y palpitan misterios arcillosos con humedad de vegetales peces.
Werner Ovalle López
Guatemala
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