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Solidaridad con el pueblo de Haití

altHaití ocupa el lado occidental de la isla La Española donde irrumpió Colón desde su primer viaje a América y  marcó su destino de  invasión y saqueo por españoles, portugueses y franceses.

Un pueblo azotado por la violencia a lo largo de los años comparte además de su alegría innata y su  ancestral lucha por la libertad que le llevó en 1803, a constituirse en el primer país negro (95% de su población es negra) en liberarse de la esclavitud francesa, un futuro incierto al  ser azotado por una verdadera avalancha de desastres naturales y dictaduras brutales.

Desafortunadamente al copiar los esquemas de su antiguo opresor blanco, Haití terminó en una sucesiva serie de dictaduras crueles y corruptas que sumieron al pueblo haitiano en la miseria que soporta hoy.

Aristide llegó como un halo de esperanza, como un mesías. Así lo vieron muchos pero  los sectores radicales  ultraconservadores y los militares volvieron a las suyas y mediante un golpe de estado en el 2004 truncaron los primeros intentos  hacia una democracia. Desde entonces  vuelve la ocupación, esta vez por los cascos azules de la ONU.

Algunos consideran a los Haitianos  verdaderos demonios dedicados a la santería y el vudú. Legado  cultural que les permite tener  culto a ciertos espíritus a quienes piden cosas buenas y  negocian malas energías para los demás. El vudú es teísta, es decir, se basa en la creencia en un dios personal. Sus características animistas  establecen la creencia en la existencia de espíritus que animan todas las cosas. Por eso el vudú forma parte de la cotidianidad de la gente. El vudú es una de las religiones más antiguas del mundo, y en ella se mezcla tanto el politeísmo como el monoteísmo.

Hablar de Haití es definir la pobreza. En la actualidad la renta per cápita  apenas llega a los  1300 dólares al año, mientras ocupa el último lugar en los países del  hemisferio occidental. El 80 por ciento de sus nueve millones de habitantes vive bajo el umbral de la pobreza, y cerca del 60 por ciento, bajo la miseria. El ingreso per cápita no sobrepasa los 390 dólares y la tasa de alfabetización no supera el 45 por ciento.

En general podemos afirmar que el Haitiano ha sido muy explotado especialmente en la frontera en las plantaciones de caña de azúcar rayando con una esclavitud supuestamente superada. El índice de desarrollo humano de la ONU sitúa a Haití  en el puesto 149 de 183. La esperanza de vida apenas sobrepasa los 52 años.

Hoy después del devastador terremoto que acaba de sufrir  se tienen cerca de 200 mil muertos y más de tres millones de damnificados, mujeres, niños, jóvenes, ancianos y adultos que deambulan por la ciudad en más del 50 por ciento en ruinas, que duermen a la intemperie, que no tienen que comer ni que beber.

En consecuencia la comunidad internacional debe apoyar al pueblo Haitiano no solo desde la ayuda humanitaria y de emergencia, sino comprometerse en la reconstrucción  del mediano y largo plazo.
Suena sarcástico por decir lo menos que el presidente francés (país antiguo esclavista de Haití) plantee la  condonación de la deuda externa para este país el más pobre del continente. Eso es como decirle a un habitante de la calle que no se le va a seguir un proceso de expropiación por una deuda. Cuando lo único que posee es un destino incierto y la calle por hogar. parte del empobrecimeinto de nuestros paises es precisamente  el oprobioso sistema de deuda externa que reina en el mundo capitalista.

Sabemos bien  que el mecanismo de asegurar grandes negocios por el gran capital está precisamente en las guerras que se pactan y promueven que permiten luego inversiones y créditos onerosos, la ayuda para reconstrucción después de un desastre natural y por supuesto la inversión extranjera que siempre busca la oportunidad del negocio con el pretexto de  promover el “desarrollo”.

Así el círculo del empobrecimiento se hace cada vez más asfixiante. Guardando las proporciones eso ocurre con Haití. Es un país colapsado y empobrecido. Precisamente es el mundo desarrollado y el gran capital quienes tienen una gran deuda con el pueblo haitiano y es hora de empezar a pagar, no de sacar provecho. Solidaridad es la palabra, fraternidad es el sentimiento que debe movernos, apoyo sin condiciones es la acción y que Haití pueda decidir autonomamente su destino.

Foto en licencia creative Commods de Rafa 59 http://farm3.static.flickr.com/2763/4276706476_1570255767_t.jpg

 

Padre Nuestro Maíz

Yo tengo manos de maíz. En ellas reside un hálito terrestre, y palpitan misterios arcillosos con humedad de vegetales peces.
Werner Ovalle López
Guatemala
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