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jueves, 12 de abril de 2007 |
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Conocí a este hombre por que está de vuelta con mi hermano Lizardo en nuestra ciudad, y aunque me lo habían anticipado, cuando lo vi por primera vez pude constatar que lo de poeta le viene congénito, pues tiene los ojos con esa redondez melancólica que solo tienen los poetas y las manos de dedos largos, como si crecieran con cada verso. |
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lunes, 09 de abril de 2007 |
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Me llegó de manos de Mabel Casas, una mujer hecha de palabras, de historias, de un universo enorme la siguiente misión: escribir sobre la página 123 del libro que estuviésemos leyendo. Después de rumiar casi un mes, anoche me dije, es el momento. Y solo fui a la página 123 de los libros que tengo en mi nochero. Los libros que aprovecho a leer a retazos, a brincos, a veces a sobresaltos, como leemos las mamás que no hemos alcanzado el sabio don de mandar a dormir los hijos temprano. |
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martes, 27 de marzo de 2007 |
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Hay algo que me gusta de las salas de espera. Tal vez sea ese espacio común de respirar junto a otros, desconocidos, inimaginados. Tal vez sea ese cruzar de miradas que se esquivan al encontrarse. Tal vez sea ese poder escuchar historias a retazos, que son como ventanitas a la vida de otros que tal vez, y es lo más probable, nunca se volverán en nuestro camino. |
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sábado, 24 de marzo de 2007 |
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La cultura del avispado ha calado muy hondo en la sociedad colombiana, a tal punto que el gusto por los avispados ha expandido sus límites, hasta no tenerlos, frente a los tramposos o los taimados. Que el vivo vive del bobo es una expresión popular, candidata a elevarse a verdad irrebatible, es un hecho dentro de la estructura de valoración que tenemos. |
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martes, 06 de marzo de 2007 |
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Necesario, vital, urgente para tener siempre a mano al lado izquierdo del botiquín de primeros auxilios, al pie de las curas, las gasas y de los algodones, resultan ser los apapachos en este tiempo, caricias para el alma cuando el alma duele y ni las aspirinas ni la coraza funcionan; cuando un río salado se contiene en la garganta; cuando la soledad duerme a nuestras espaldas y se hace más pesada que de costumbre; cuando los poemas de Benedetti pierden su musicalidad de abrazo; cuando toca abrir las manos y dejar pasar al amor; cuando se abre ese gran agujero negro en el pecho que amenaza tragarnos hacia otra dimensión; cuando la vida se hace tan corta…o simplemente cuando se nos quema el arroz. Ahí los apapachos son necesarios, vitales, urgentes… |
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